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EN UN LUGAR...

El teatro es, en nuestra opinión, eminentemente tiempo. Un tiempo donde recrear una existencia suspendida, dilatada, para, como si de un microscopio existencial se tratase, observar la vida que desempeñamos, analizarnos desde fuera, rebasar los límites de lo finito para, por un instante eterno -como diría Lewis Carrol- trascender lo que somos. Por eso, cuando hacemos teatro, jugamos a ser el ojo de Dios. Es el único momento en el que la palabra Dios tiene sentido, de manera radical. Es el único momento en el que poder cuestionar el milagro de la creación, analizarlo, desde el comienzo de la idea que plantamos en el terreno dramático, hasta el proceso de germinación ante los ojos del público. Por eso, el teatro, es la más completa de las disciplinas artísticas, la más porosa, y por ello, no casualmente, la más difícil y la más desconocida. La más maltratada.

Si diéramos más importancia al hecho teatral, seríamos una sociedad más avanzada porque desde el punto de vista antropológico, ontológico, existencial, sabríamos quiénes somos, podríamos superar la mediocridad imperante. Pero ese es otro tema. O no.

Volvamos al tiempo, el de la palabra, el de la música, el de la acción teatral. El tiempo son las coordenadas, el pentagrama de la partitura teatral. Y de ese tiempo depende el elemento más maravilloso que lo hace visible ante nuestros ojos: el ESPACIO. El espacio son las líneas que trazamos para colgar ese pensamiento teatral, como el que tiende la ropa que le cubre, y poder verla al trasluz, poder analizar esa piel que habitamos. Y es crucial el lugar donde colocamos ese tendedero semiótico, porque nos estamos posicionando.

El ESPACIO es un elemento clave en nuestro trabajo, sobre todo de estos dos últimos años. Su búsqueda, su configuración. El espacio habla de por qué hacemos lo que hacemos. Es el lugar donde militar en una postura política y estética que nos ayuda a avanzar, que nos da pistas del problema.

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SE TRASPASA

Tienda de objetos vintage (Madrid)

El teatro del ego, ese basado en mostrar una suerte de brillos que deslumbren pero que dejan poco poso, se coloca en los lugares más visibles, en los pedestales del éxito donde se establece cómo deben ser las cosas. Así, la pompa teatral habita los templos revestidos de historia, pero una historia fabricada para los ojos que buscan el legado de lo que fue, y nunca de lo que pudo ser. El legado de la apariencia, del voluptuoso triunfo de un pensamiento que rara vez se cuestiona, por mucho que se pretenda, porque está constreñido en un pedestal difícil de quebrar. Por ello, es raro que en este tipo de lugares encontremos preguntas, ya que están hechos para perpetuar respuestas, las que hacen que todo siga igual. Y en ese caldo de cultivo, donde el terciopelo y el pan de oro nos nublan la vista, es difícil que brote el arte, ese que nace como impulso para la búsqueda.

Existen otros lugares, más modestos, susceptibles de ser rehabitados. Pero lejos de ello, y bajo ese estandarte cool de la modernidad, se rehabilitan sin poder abandonar su cutre albedrío, para servir de nuevo al ego de qué moderno soy, y qué buena planta tengo. Esos lugares son peores que el anterior, porque se han despojado de historia, pero no hemos sido capaces de llenarlos. Han dejado, por tanto, de ser.

Fábrica de Cerveza Salvaje (Alcázar de San Juan).

LA BODA SALVAJE

Fábrica de Cerveza Salvaje (Alcázar de San Juan)

En nuestra búsqueda desconsolada por encontrar ese lugar frágil capaz de contener nuestras preguntas teatrales, que nos permitiera tender los ropajes de nuestra existencia, hallamos, sin pretenderlo, la clave. Como el que busca el amor en general, como el que busca la felicidad. No se trata del lugar, sino de la manera de transitarlo. Así, una tienda de objetos abandonados que cobran vida, o una fábrica de cerveza donde dos hermanos pretendían la alquimia del éxito, nos han servido para darnos cuenta de que el teatro habita cualquier lugar, porque cualquier lugar lleva en su esencia la potencialidad de la construcción. Podemos arraigar nuestro teatro sobre cualquier sustrato, sólo tenemos que hablarle, y enseguida, empezará a hablarnos. De la constricción en pleno corazón de una ciudad donde la historia arrasa los trazados, donde la gente deshecha y no regenera. Del calor de la estepa árida, donde el viento pesa más que el agua, y donde el cereal se tiñe de amarillo de un sol insoportable, de una existencia que es una losa. ¿Cómo no tener en cuenta ese lugar? Un escaparate con vistas a una estrecha calle del Madrid más castizo es una puerta a la creación. Un jardín-oasis regado por una cerveza que se cuece a fuego lento nos invita a mirar qué somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos.

Y a todo esto, los ingleses, que son rápidos en esto de poner nombres, que sienten la necesidad de indagar más allá de los límites dados (por algo son insulares), le llaman site-specific. Yo le llamo tabla de salvación. Porque nos hace libres de depender de los templos donde las cosas ya existen antes de ser concebidas. Nos hace libres de seguir creando sin necesidad de tener que demostrar.

Hemos encontrado la clave. Por ahora. Y nos hace imparables.

Si nos queréis seguir, ya sabéis. Estaremos en cualquier lugar. Haciéndonos preguntas, habitando la existencia teatral.

by Sandra & Luismi

TEATRO: ENTRETIENE O TRASCIENDE

Existen dos tipos de teatro: el teatro del entretenimiento y el trascendental.

El primero, no indaga en ninguna cuestión vital, no busca generar preguntas ni aportar experiencias místicas o rituales. No sabe de metáforas ni aforismos. Es un teatro hecho para "pasar el rato". Y entronca con una filosofía vital en consonancia: ir tirando; vivir como una sucesión de acontecimientos en progresión temporal. Este teatro no es un teatro imprevisible. Se basa en la palabra y normalmente se ciñe a un objetivo, a saber: "contar una historia".
Y para ello, se sirve de lo literal, del planteamiento/nudo/desenlace. Es, como dice el maestro Jorge Eines, copia de la vida. Pero, ¿de qué vida?
Una vida marcada por lo SEDENTARIO. Una vida cuya máxima es la ESTABILIDAD. Una vida que tiene clara la ecuación ÉXITO = RECONOCIMIENTO + DINERO.
La vida del que mira más fuera que dentro. Por ello se genera un teatro que depende del de fuera y no mira hacia las entrañas del hombre.
Un teatro, por tanto, que no requiere de mucha técnica ni mucho pensamiento. Y en consecuencia, a falta de rigor y autoexigencia, un teatro que puede estar hecho por casi cualquiera.

Otro tipo de teatro es el teatro que trasciende. En radical oposición al anterior, "materializa lo invisible" (como dice el dramaturgo Eusebio Calonge), indaga en las preguntas para cuestionar la existencia desde la creación. Y lo hace de manera activa. Por eso es un teatro cargado de ACCIÓN, arma infalible contra la inmovilidad, tanto artística como vital.
Es un teatro político en su planteamiento. Reivindica en su naturaleza una revolución estética, un activismo que parte de lo ontológico. Porque, simplemente, ES. No busca otro fin más allá de lo puramente teatral. Ni lucro, ni éxito, ni siquiera repercusión. Es NECESARIO, y el origen de su motivación es ancestral. Se remonta al momento en el que el hombre comenzó a preguntarse quién era. Es, entonces, el lugar donde uno se pregunta, y genera una respuesta en forma de CREACIÓN.
Es un teatro que nos MOVILIZA, desde la raíz, desde el alma.
"El teatro nace de la quiebra". Cito de nuevo a Calonge para intentar explicar que sin ruptura no hay cambio y que, precisamente un proceso creativo, que es el viaje que uno emprende desde la pregunta, está desnudo de certezas.

FOTO: ALICIA GONZÁLEZ

FOTO: ALICIA GONZÁLEZ

Ese despojarse de lo preconcebido para concebir de nuevo se opone radicalmente a la idea de ESTABILIDAD sobre la que intentamos forjar nuestro futuro. Sobre la que se sustenta todo el planteamiento pedagógico vigente.
Ese no cuestionar para no desestabilizar, ese orden que somete al caos (principal sustrato de la creación), se contradice con la idea de un teatro que, además de trascendental, es el ÚNICO que tiene VALOR PEDAGÓGICO. Y digo valor pedagógico porque considero que el verdadero proceso cognitivo ha de ser eminentemente CREATIVO. Aprender es descubrir. Y para ello hay que originar preguntas. Y para originar esas preguntas hemos de partir del ACONTECIMIENTO, que nace solo de la ACCIÓN. La vivencia es activa.

El teatro basado en la palabra, meramente narrativo, adolece de acción. Tiende a copiar emociones, en lugar de desarrollar procesos creativos que las originen, pero, sobre todo, invita a una reflexión pasiva, literal y superficial.

Muchas veces se utiliza el teatro como vehículo de aprendizaje, lo que es un total acierto. El problema está en utilizar el primer tipo de teatro, y no el segundo. Esto supone además un error doblemente grave ya que, lejos de conquistar un sistema de aprendizaje verdaderamente profundo y creativo, basado en las inteligencias múltiples, en las vivencias y en el análisis, al carecer de acción verdadera, ponemos un parche que nos impide avanzar en la dirección más fructífera.
Hay mucho desconocimiento sobre este segundo tipo de teatro, y es normal. No está presente en nuestra vida, raramente habita los teatros y muy pocos hablan de él.
En nuestro país, especialmente castigado por una cultura teatral basura, su práctica es escasa y pocas veces tiene presencia incluso en círculos puramente teatrales.
Personalmente creo que ello se debe a su carácter subversivo, y a que muchos entran dentro del mundo teatral en busca de otras cosas que nada tienen que ver con lo originario de este arte.

Por todo esto, invito a que hagamos una reflexión.
Uno sólo ve lo que sabe, y ciertamente, si uno nunca ha conocido este teatro no entenderá ahora de qué hablo. Pero hago un llamamiento a la sensatez y al rigor. Creamos a los que saben testificar sobre esto, y empecemos a profundizar en las cosas.
Sin este esfuerzo, no originaremos ningún CAMBIO verdadero.

by Sandra & Luismi

LA ESTABILIDAD NOS DELATA

La estabilidad nos delata. No hay nada más necio que negar la propia naturaleza, y no hay nada más contranatura que la pretensión de estabilidad.

Hoy el agua estaba más caliente, menos mal. Las ganas eran pocas, porque la constancia es difícil, sobre todo cuando la resistencia física es tan patente, y las condiciones tan contrarias. Tengo poca flexibilidad articular, tengo la musculatura débil, y tengo, sobre todo, poca confianza en mi progreso como nadadora. De pequeña suspendía educación física. Y ahora sé que a la asignatura le sobraba la palabra “educación”. Yo no era nada física, la inteligencia cinético-corporal no me venía de serie, y mis profesores no estaban por la labor de proporcionarme un camino enriquecedor, ni de motivarme, ni de enseñarme los beneficios del desarrollo físico. Aprobar o suspender, esa era la cuestión. Y yo era un caso perdido. ¡Total, en todo lo demás sacabas sobresaliente, así que por una! Crecí con la idea de que siendo “lista”, que en términos académicos equivalía a tener una inteligencia lógico-lingüística desarrollada, no necesitaba hacer deporte. Si sabía traducir del griego, se podía perdonar que no hiciera el pino. Ahora, al contrario, para desgracia de alguno de mis compañeros, no estaba tan claro.

Ahora sé que es el camino para vencer otras muchas cosas es precisamente el de superar las dificultades. Donde hay un obstáculo, hay una oportunidad. Eso lo aprendí de Ellen Lauren, actriz de la Siti Company, que a través del Suzuki me hizo entender mi necesidad de conectar mi cuerpo con mi mente. Siempre han ido por libre, y ya iba siendo hora de explorar un maridaje necesario. En el fondo, son lo mismo, y enfrentarte al lado oscuro, te ayuda a salir de tu zona de confort. Iba a transitar el camino del insuficiente, yo, adicta a los sobresalientes. Pero estaba decidido. Sabía que hacerlo, era ir en busca de otro tipo de verdad que quería conocer.

Hoy sigo en ello. Lento, aguas frías y aguas calientes. Correr, nadar, Suzuki o Kalari. He de confesar que me cuesta. Y eso me gusta, porque me ayuda a entender el concepto de DIFICULTAD. Cada uno lo experimenta de una manera, pero todos convivimos con ella. Y, aunque intentemos huir, nos persigue. Cuando alguno de mis alumnos se siente incapaz de pronunciar “snake” sin poner una “e” delante, por ejemplo, yo me visualizo nadando a espalda, o intentando completar 4 km corriendo por el pinar. Entonces comprendo, y tolero, y trabajo para “educar” de otra manera. Ojalá todos trabajásemos a través de la dificultad, ojalá nos educaran en la comprensión de que la exigencia es relativa. Ojalá comprendiésemos que a veces la temperatura del agua no es la misma para cada uno, porque cada cuerpo es distinto, y cada brazo tiene una articulación distinta, y cada brazada es única, cada día. Mi acento es británico cuando hablo inglés, y mi estilo a crol nefasto cuando nado. Esa soy yo. Y lo mejor de todo, es que todo esto es CAMBIANTE, susceptible de mejorar. Y en el proceso, aprendo.

Al salir del agua, esta mañana, una señora, mientras nos duchamos, entre vaguedades verbales, me cuenta algo que me alarma, que me alerta, que me hace comprender. “Yo fui profesora de infantil 40 años”- me cuenta. “Me saqué la oposición con 20, y fue lo mejor que me pudo pasar. Ya tendré trabajo para toda la vida”- me narra en tono de conquista. “Y eso es lo mejor. Porque entonces ya no te tienes que preocupar. Sabes que nadie puede echarte, y si no te gusta, te coges una excedencia. Yo puede jubilarme anticipadamente, y así lo hice. Total, me quedaba lo mismo”. Total, pensaba yo, llevaba años hasta el gorro de un trabajo al que no le encontraba más sentido que la conquista de lo estable.

Ni una palabra de su hazaña al cargo de 40 generaciones de niñ@s que hoy son la realidad de nuestro entorno. Ni una palabra de su amor por la pedagogía, por la docencia…Lo que remarca era la ESTABILIDAD.

Ahora que lo pienso, es normal; en cuarenta años, y sabiendo que nadie te va a exigir nada, uno se vuelve cómodo, laxo, pierde el apetito ante la abundancia. Hay gente que no, pero es muy complicado, es casi marciano. Tod@s buscamos la facilidad, es una pulsión humana. Pero la sensación de inamovilidad no fomenta la profundidad, ni la superación, ni el crecimiento. Y uno acaba moribundo ante la falta de DIFICULTAD. En otros aspectos, lo puedo entender, pero en un entorno pedagógico, donde la superación ha de imperar, no debería ser tolerable.

   

   

No hablo de sufrimiento. No hablo de padecimiento. Hablo de BÚSQUEDA. Si tengo la nevera llena, difícilmente bajaré al supermercado. Para desarrollar de manera profunda nuestra condición humana, lo que somos, hemos de cruzar nuestros propios límites. Es una elección, está claro, pero nos estamos jugando el futuro de nuevas generaciones. No se trata de nosotros y nuestro contrato con una falsa eternidad laboral. Se trata de qué es lo mejor para el aprendizaje. Y yo no puedo enseñar lo que no experimento.

No estamos en disposición de exigirles nada a nuestros alumnos si nosotros mismos estamos apoltronados en nuestro pupitre inamovible, a sabiendas de que nada nos puede hacer perder nuestra posición. Es una manera de vivir, de ser, de transitar la vida. Y educaremos como vivamos.

Es una contradicción que contamina todo el sistema educativo. Nos hace perder la motivación la propia naturaleza del cargo.

Y, lo más sangrante, nos hace perder la sensación de libertad, o peor, nuestra elección nunca será motivada por la propia naturaleza del trabajo, sino porque es ESTABLE. Y da igual, si te cansas, porque habrá una excedencia.

Y yo me pregunto: ¿es justo para esas generaciones de niñ@s que no les elijamos? ¿Es justo que nuestro compromiso no les tenga a ellos como único objetivo? ¿NO sería enriquecedor para nuestro trabajo no saber si el agua está fría o caliente, e incluso si hemos de nadar a contracorriente, a pesar de que nuestra brazada no sea la ideal?

Podemos elegir flotar, y hacernos los muertos. Pero hemos de ser conscientes de que así, avanzaremos poco.

by Sandra & Luismi

EL TEATRO DE MODA

Entendemos el aprendizaje de una lengua extranjera como la repetición sistemática de vocabulario aislado para almacenarlo, vaya usted a saber dónde, y utilizarlo, vaya usted a saber cuándo. Vocabulario que jamás podrá incorporarse al discurso porque, al carecer de estructuras lingüísticas, carecemos de discurso. Pero esto, que parece de pura lógica, es lo que está instaurado en el sistema educativo vigente.

El teatro, pobre arma de cultura a la venta del mejor postor, se pone a disposición de tal sinsentido y adopta, por desconocimiento, esta inútil práctica. Y así, carente de beneficio y de acción, se riza el rizo, y se hace un teatro para público infantil y familiar en inglés, basado en la mera repetición de palabras. Si el niño participa, repitiendo, es todo un éxito. “Sad/Happy, Big/Small, Long/short” y algún “Huge” que aporte calidad. El clímax se produce cuando, presos del orgullo, el colectivo de padres y madres, para sí mismos (en el teatro no se habla, si no es para repetir, claro), entonan un buen “¡mira mi niñ@ cómo repite, cuánto inglés sabe!

Y de eso se trata: de hacer sentir al progenitor/a orgullos@ de su retoño. El retoño en sí no importa: todo para el niñ@, pero sin el niñ@. Pobre entorno educativo, cultural, lingüístico…Con qué poco nos conformamos, ¡qué precariedad!.

Nadie se cuestiona este “éxito”. Es lo que se lleva, y seguimos la moda, las tendencias nos respaldan, el bilingüismo nos avala.

En alguna parte hemos leído algo sobre neurociencia, no sabemos muy bien dónde, y lo incluimos en nuestro programa. Es el ingrediente que nos faltaba en este desaguisado panorama: NEUROCIENCIA, INGLÉS, TEATRO. Oímos tiros, aunque no sepamos bien dónde. Corta-pega y buena gráfica. ¿Conocimiento? No hay tiempo que perder, actualizarse o morir.

Y cómo no sabemos ni de teatro ni de proceso cognitivo, porque no sabemos qué es eso de ACCIÓN, ni qué es eso de COGNICIÓN, porque no nos hemos parado a analizar cómo se aprende verdaderamente una lengua, ni cómo se forja el teatro que tiene valor pedagógico, a algo habremos de agarrarnos. Todo vale, ¿no?. ¿Todo vale?

Aunque nos cueste creerlo, no todo el teatro estimula el desarrollo cerebral –sí, efectivamente atiende a razones que la neuropsicología empieza a apuntar, y sí, tiene que ver con la amígdala, con el cerebro ejecutivo- pero vamos, nimiedades, que parece ser que se dan por hechas a la hora de programar, para qué informarnos. No nos ha dado tiempo a llegar al capítulo de la verdadera estimulación. Total, ¿qué importa?  ¿Qué nos estamos jugando? Y ahí, nos delatamos. Si no hay CRITERIO, no hay interés. Desvelamos una falta total de verdadera preocupación por un producto de calidad, y dejamos entre ver un plumero que pocos ven, pero que los que hemos decidido consagrar nuestro camino a construir un panorama más enriquecedor, los que estudiamos para verlo, debemos denunciarlo.

Denunciamos que llenamos los festivales, carteleras y las campañas escolares de refritos que hacen que los niños se aburran y, lo que es peor, lejos de aprender algo o desarrollar algo, comiencen a aborrecer el teatro y el inglés. Siempre habrá voces que reclamen su atención (¡shuuu! ¡Mateo, calla! ¡Nora, atiende!) porque la culpa de no escuchar es siempre de ellos, los NIÑ@S, que deberían saber ya, a estas alturas, a callar y tragar. Pero su aburrimiento nos fuerza a la autocrítica, porque la RESPONSABILIDAD verdadera, señores y señoras, es de unos adultos carentes de criterio y profesionalidad. Si vamos a hacer las cosas, hagámoslas bien. Y no programemos teatro basado en palabras, por mucho que éstas sean en inglés. Dejémonos de modas, empecemos a profundizar.

by Sandra & Luismi

LAS COSAS NO ¿PUEDEN? CAMBIAR

No está permitido llevar juguetes al cole pero, a pesar de la prohibición, los niñ@s encuentran las mañas para hacerlo. Por dos motivos:

1) A ellos les encanta jugar con sus juguetes (¡qué raros son los niños!)

2) No entienden muy bien las razones por las que no pueden hacerlo, y como todavía no están "civilizados", ante la incomprensión, se saltan la norma.

(Creo que a los adultos nos pasa parecido, llámenme loca. Estoy segura de que si realmente supiéramos qué se hace con nuestros impuestos, los pagaríamos gustosos...pero este es otro tema...¡o no!)

Pues hoy es uno de esos días en el que un niño lleva un juguete que la profesora -siguiendo el "manual del buen profesor", que es ese libro donde pone todo lo que un buen profesor debe hacer- se lo quita.

Pero hoy la cosa se complica. Hoy el juguete desaparece de la mesa de la profesora que, aunque insiste -incluso deja de hablar en inglés en la asignatura de INGLÉS para que la entiendan (porque, a pesar de sus gritos, en inglés los niños no entenderían lo enfadadísima que está, ¡claro!)- no logra que aparezca.

Así que el protocolo demanda una medida extrema: nos quedamos sin recreo. Pero no todos. Porque lo que ha desaparecido es un muñeco con el que juegan SÓLO LOS NIÑOS. Se trata de uno de esos monstruitos que jamás, jamás encontraríamos en el cuartos rosa pastel de una niña (esto también está escrito en el manual del profesor, y de todos es sabido; por ejemplo: los cromos son de los chicos, y las muñecas de las chicas).

Molly, Sally y Michael en Stable School. Montaje teatral "Divertidero Lunar".

Molly, Sally y Michael en Stable School. Montaje teatral "Divertidero Lunar".

Pero hoy hay una excepción. Hoy un niño se extraña ante la medida. Sobre todo porque en ese mismo colegio, en infantil, los niñ@s son obligados a jugar con TODOS los juguetes. Es decir, de manera consciente, han de dedicarle tiempo a jugar con muñecas, herramientas, coches, construcciones, etc. Independientemente del sexo. Pero claro, eso es en infantil. En primaria las cosas cambian.

 

En primaria ya no se trabaja por proyectos, ni tonterías así, porque la cosa ya es SERIA. Por eso, en primaria, las cosas son lo que son.

La extrañeza de este díscolo pupilo le hace, osado, preguntar. Y la respuesta es la cruda realidad: "Las niñas pueden irse porque ellas no juegan con ese tipo de muñecos", sentencia la gran pedagoga.

"Entonces -añade El Niño- ¿por qué Juan también se va?"

Y he aquí la guinda del pastel, la piedra filosofal, el paradigma cognitivo que también se incluye en el manual del buen profesor: "A él le dejo ir porque él juega con las niñas".

Con su gesto, la gran instructora, pone de manifiesto y como colofón a este etiquetado magistral un hecho para el que los jovenzuelos de sólo 6 años tendrán que aprender a identificar: los niños que juegan con niñas, son también niñas.
Toda una lección de vida condensada en una hora de clase y 20 minutos de recreo.

Lástima que aparezca el juguete en el suelo.

Todo acaba.

Ningún niño ha aprendido nada, pensarán los más escépticos.

Yo creo que han aprendido justo lo que hay que aprender, y esto es un gran logro para el sistema. Una oportunidad así de conflicto podría haber servido no sólo para aprender mucho inglés (ese es otro tema), sino para indagar mediante dinámicas en cómo solucionarlo. Ya no hablo de INTEGRAR el juguete en clase (yo no tengo 6 años y tampoco entiendo por qué no pueden llevarlos), sino de aprender a solucionar un conflicto en común aprendiendo de sus impulsos, de sus responsabilidades, de sus acciones, etc. Pero hay un "pequeño problema". Es la profesora la que no sabe solucionarlo más que de una manera: siguiendo las pautas de ese libro que pasa de generación en generación y que habla de castigos y de gritos, de verdades universales como que el rosa es de chica y el azul de chico. La profesora no puede saltarse el manual. Y hoy esos contenidos se han trabajado. En la práctica. Y aunque esos niñ@s no hayan entendido, el contenido, los valores, prevalecerán.

Hoy la rueda sigue su curso.

Todo está en su sitio: los niños con los niños, las niñas con las niñas, y Juan con las niñas. El adoctrinamiento funciona, porque es inconsciente. No hay criterio, no hay lugar para pensar. Esto es un colegio, ¿qué se han crecido ustedes? Las cosas, no ¿pueden? cambiar.

by Sandra & Luismi